Recuerdan el nombre de todos sus compañeros del colegio? ¿Las fechas de cumpleaños? ¿Recuerdan qué estaban haciendo hace exactamente un año atrás?

  Es cierto que poseer “buena memoria” tiene mucha mejor prensa que olvidar las cosas…pero… a veces es interesante poder olvidar.

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Por Fernando Molina

 

Hemos buscado muchas alternativas para recordar. La alarma del celular, recordatorios en la heladera, cambiarse el anillo de dedo, agendas, etc. recursos a los que apelamos casi diariamente.

¿Te acordás los nombres de tus compañeros de escuela? ¿Qué almorzaste un día como hoy hace un año? ¿Recordás la fecha de cumpleaños de tus vecinos?

¿Mala memoria o buen olvido?

La “mala memoria” no ha sido bien vista, ha gozado de mala prensa y en ocasiones, dependiendo de “qué” se olvida también enciende una luz de alarma.

El olvido y la memoria son las dos caras de la moneda. Según las Neurociencias el olvido es tan importante como el trabajo intelectual que implica recordar.

¿Te centrás en lo esencial? ¿Percibís los detalles? ¿Recordás con facilidad? ¿Tenés habilidad para dejar atrás ciertas cosas y que sean parte del olvido?

La memoria no es un “mero recipiente” al que se lo llena de información cual dispositivo de almacenaje. Si bien esta concepción impregnó hasta modelos educativos, se creía que retener datos para luego repetirlos eran sinónimos de aprendizaje, desde hace algunos años este modelo ha cambiado.

A su vez, este paradigma sostenía que se daba una “falla” en la memoria como consecuencia de un error en el almacenamiento y recupero de la información. Así la memoria se equiparaba a una especie de “depósito estático” colmado de recuerdos e informaciones en el que perder algo de lo allí contenido significaba un problema o una deficiencia.

En las últimas décadas, producto de investigaciones, sabemos que la función de la memoria a corto y a largo plazo es colaborar y optimizar el proceso de toma de decisiones, ya que lo que cada uno almacena deviene en experiencia.

Se dice que la computadora “funciona” de manera similar a la mente humana. Cada tanto hay que liberar espacio y enviar a la papelera de reciclaje los datos, documentos, imágenes, etc. que ya no nos son útiles…

¿Es mejor olvidar?

La “capacidad” de olvidar implica descartar datos irrelevantes, información obsoleta, “recetas” y procedimientos que en un tiempo permitieron la resolución de un conflicto y que seguramente ya no lo hacen en la actualidad.

El Psicoanálisis tiene sus propios fundamentos sobre aquello que olvidamos, a su vez aspectos subjetivos y emociones están íntimamente relacionadas con el tema en cuestión.

Nadie duda que hay experiencias y personas inolvidables. Pero también hay de las otras, esas que no merecen un mínimo recuerdo y poder dejarlas en el olvido es tan interesante como necesario.