En su nota Editorial, el Director de SEMANARIO DIGITAL, Fernando Molina, manifiesta que las ideologías ya no funcionan como antes. Que los estallidos sociales son hacia distintos lados. Van contra el “neoliberalismo” chileno pero también contra el “chavismo” venezolano. Contra la “derecha” colombiana pero también contra el “socialismo” boliviano.

 Molina señala que, pese a los matices, en algo sí coinciden tanto la derecha como la izquierda: Todos creen que el derecho no tiene derecho a juzgar a la política, que a la política sólo la juzga la política.

Las ideologías ya no funcionan como antes para explicar la realidad. Décadas atrás la izquierda hubiera interpretado claramente las insurrecciones populares que ocurren por doquier en todas partes del mundo, como la revolución de los pueblos contra sus explotadores, pudiendo entrever una línea conceptual parecida en todas las rebeliones.

Pero ahora los estallidos son para cualquier lado sin la menor coherencia ideológica. Van contra el “neoliberalismo” chileno pero también contra el “chavismo” venezolano. Contra la “derecha” colombiana pero también contra el “socialismo” boliviano. No los para ninguna idea, las arrasan a todas en nombre de un terremoto social común pero sin ideología, sin dirigentes y sin contemplaciones.

Otro ejemplo de cómo las ideologías ya no funcionan como antes es el uso creciente de una palabra como “lawfare” (traducido como “guerra jurídica”) donde los que critican el concepto, tanto por derecha como por izquierda, tienen algo en común: Todos creen que el derecho no tiene derecho a juzgar a la política, que a la política sólo la juzga la política.

Y no casualmente, quienes hablan de Guerra Jurídica también creen que la prensa no tiene derecho de criticar al poder. La  crítica se relaciona con gente que tiene un pensamiento autoritario en mayor o menor medida, que no cree en la división de poderes.

O sea, hasta hace muy poco sólo la extrema derecha, en particular la norteamericana, acusaba a los jueces y a los periodistas de atacarlos por sus políticas de Estado. Decían que la Guerra Jurídica era un instrumento de la izquierda para golpearlos.

Pero con la actual confusión de las ideologías, desde hace poco tiempo en la Argentina, y en general en América Latina, la izquierda populista se ha apropiado de la crítica del concepto para emprender su propia guerra contra jueces y periodistas. Sobre todo desde que empezaron a caer presos algunos de sus dirigentes políticos por notorios casos de corrupción en la función pública.

Ahora el guerra desde lo jurídico la hacen los “malos”, léase la derecha, contra los “buenos”, esos líderes populares a los que para impedir que sigan haciendo el bien a sus pueblos, los echan mediante la técnica del lawfare encarnada en los jueces del sistema y los periodistas de los medios concentrados del capitalismo que inventan causas judiciales para destronarlos.

Es decir, según esa mirada, la guerra jurídica sirve tanto para un barrido como para un fregado. Para Trump o Lula, para Piñeda o Boudou.

En Argentina pareciera que el problema tiene su génesis allá por el 2001, cuando la sociedad, harta de la corruptela política pidió que se vayan todos. Pero lo cierto es que se esfumaron los partidos políticos y las ideologías, pero los políticos siguen pululando por ahí.

El problema es que luego de guillotinada la clase política, no quedó nadie para reemplazarla, porque los jueces, los periodistas y la opinión público no pueden ser su sustituto y si lo fueran fracasarían seguro porque su misión es cuestionar los excesos del poder, no asumirlo.

En síntesis, la izquierda populista reconvierte términos usados por la derecha -como lawfare- para usarlos ella, pidiendo “Navidad sin presos políticos” como si los que le roban al Estado fueran los equivalentes actuales de aquellos a los que las dictaduras condenaban por sus ideas.  Algo no funciona bien.. y así estamos.